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Fermo: "Muchos Ruidos y pocas nueces". Abraham: "Macri es lo que puede"

Mucho ruido y pocas nueces: crecimiento, inflación, deuda y 2 años de decepción M

ENERNEWS/El Cronista

GERMÁN FERMO*

Este “gradualismo al revés” que no funciona puede resumirse en ocho números redondos y acuciantes. El árbol: en tres aspectos esenciales de la macroeconomía, inflación, déficit y crecimiento. La Argentina de hoy es igual a la de CFK, pero con un agravante sobresaliente como es la enorme aceleración en el nivel de endeudamiento.

 Padecemos un modelo paradójico donde el crecimiento resulta “invisible” al mismo tiempo que observamos deuda en todos los frentes. La prioridad de este Gobierno debió haber sido tender al equilibrio del déficit primario desde el minuto cero, el sendero fiscal escogido ciertamente no era el único posible como nos vienen relatando.

Resulta esencial que se entienda que la insuficiente corrección fiscal pone toda la carga de la convergencia en el crecimiento económico y si el mismo no se da, nos espera un mediano plazo bien conocido y sumamente gris. Lo no hecho ya condicionó todo lo que se haga porque en el “no hacer” se incubó una perversa y estrangulante dinámica de intereses por endeudamiento externo, precisamente, la cara más oscura de este gradualismo al revés.

Tenemos un serio y enorme problema frente a nosotros como para que desde el oficialismo se proclame el “fin de lo peor”. Cuanto más lento seamos en la corrección fiscal, mayor será lo que deberemos rebotar hacia la convergencia para neutralizar una creciente carga de intereses, lo cual lo convierte en un escenario sumamente improbable. La pasividad del equipo económico es totalmente inconsistente con las urgencias actuales de nuestra nación.

Me contaron incluso, que de economía se encargaría un “dream team”, un conjunto de almas brillantes como nunca habíamos tenido en esta tierra criolla, un lujo amarillo sin precedentes. Lo cierto es, que en vez de un sueño, este gradualismo sin respuestas se ha convertido en una interminable pesadilla incapaz de resolver un solo problema relevante y en una máquina infalible de emitir deuda.

 Parecería que “el crecimiento explosivo”, “la lluvia de inversiones” y “la desinflacion  rápida”, no se han dado y a cambio, sólo observamos un gigantesco stock de deuda externa y un equipo económico que ante la elocuente ausencia de resultados dedica su tiempo a la crítica de la sublime filosofía liberal. Existe la probabilidad concreta de que lo peor ni siquiera haya comenzado, lo cual no implica un drama inminente, pero sí la urgencia de encarar una reforma fiscal y estructural en serio hoy mismo.

Primero, en 2015 la inflación CFK fue 25%, en 2017 la inflación MM fue 25%. Segundo, el déficit financiero CFK fue en 2015 6%, el déficit financiero MM en 2017 fue 6%. Tercero, el PBI per cápita MM 2017 es inferior al PBI per cápita CFK 2015. Cuarto, el endeudamiento externo bajo MM creció en más de 100.000 millones de dólares. Quinto, el stock de Lebacs, la contracara de la desinflación que no fue, creció a u$s 55.000 millones. Sexto, el estado argentino, fuente esencial de todos nuestros males, sigue siendo tan gigante e improductivo en 2017 como en 2015. Séptimo, la presión tributaria asfixia al ciudadano común como en los tiempos K.

Octavo, el déficit externo es 4% del PBI generando un drenaje permanente de dólares. Todos los capítulos de nuestra historia en donde subestimamos una coyuntura simultánea de deficit fiscal  y externo como el actual, resultaron devastadores y aquí estamos otra vez, apostando a la fe, a la esperanza y a los timbreos.

Tiempo de tomar la pérdida y hacer otra cosa. En este contexto en donde las buenas noticias no abundan, me preocupa un mensaje oficialista que busca relajar a una sociedad cuando lo que habría que hacer es contarle la pura verdad y prepararla entonces, para un nivel de concientización histórico. Como ciudadano pagador de impuestos que vio colapsar a esta República una y otra vez bajo el lema “estamos mal pero vamos bien”, tengo el derecho a desconfiar y a exigir por lo tanto, contundencia y abandono de la herencia K como una excusa redundante.

 A este ritmo, llegará el 2050 y seguiremos esperando el rebote del “segundo semestre". El relato oficial de que “lo que se hace es lo mejor y único posible” es sumamente incorrecto. Lo cierto es que los escasos avances de la economía argentina nos describen una coyuntura que lamentablemente no se diferencia demasiado a la de CFK, pero con dos nuevas y enormes luces rojas: 1) un endeudamiento externo que en solo dos años se incrementó en 20% del PBI, incluyendo Nación y provincias, 2) Lebacs del BCRA que ascienden actualmente a 11% del PBI. Me quedo con la amarga sensación de que nos hemos endeudado muchísimo a cambio de muy poco y la distraída sociedad argentina no es consciente de esta patología que se viene exponenciando.

 El incremento del endeudamiento externo hacia el 2019 podría llegar fácilmente a 160.000 millones de dólares. Sólo este stock de nueva deuda generaría en concepto de intereses 9.600 millones de dólares por año, lo que representaría el 50% de nuestro déficit primario actual. A menos que crezcamos a tasas chinas, todo avance en la reducción del déficit primario se lo terminarán comiendo los intereses, de ahí que no solo importaba la dirección de la corrección fiscal, sino también la velocidad

. La lentitud, poca audacia y parsimonia, terminaron siendo estrepitosamente costosas para la Argentina de hoy. En estos dos años se subestimó permanentemente el escasísimo tiempo que teníamos. A la luz de los datos, resulta evidente que este gradualismo no funciona, cuanto antes tomemos la pérdida menores serán los costos, hay que subir inmediatamente tres cambios o probablemente seremos boleta.

 El crecimiento invisible y la frustración del no cambio. Para un oficialismo que en tiempo electoral me prometió que venía a cambiar la esencia de la República, los resultados al día de hoy son abultadamente decepcionantes. Sin generar caos social pudimos haber sido mucho más agresivos a nivel fiscal y con ello pudimos aumentar la probabilidad de una convergencia exitosa que hoy enfrenta enormes dudas. No corregir más rápido nos está haciendo endeudar a razón de 30.000 millones de dólares por año, lo cual nos ha convertido en uno de los mercados emergentes más vulnerables ante el nuevo ciclo ascendente de tasas en USA. Aun suponiendo que las metas fiscales por los próximos años no sigan el mismo destino que las incumplidas metas inflacionarias, quedamos expuestos a que los intereses de la deuda neutralicen todo avance, de ahí lo importante de haber reducido más rápido el déficit primario.

Contando la historia completa: la reducción de déficit fiscal primario es secundaria, lo que importa es el déficit financiero. Sin crecimiento sostenido por muchos años este modelo no converge y nos lleva a un destino único y muy familiar: estrangulamiento externo.

 Parecería que los economistas de la platea conservan una cualidad olvidada por el “dream team” del oficialismo, la suma y la resta, y enfatizan por lo tanto el único renglón que totaliza todo: el déficit financiero. El Gobierno viene anunciando metas de reducción sobre un renglón intermedio, el déficit primario, lo que verdaderamente importa es el renglón final, déficit financiero, y el mismo en vez de reducirse mostrará en los próximos años una clara tendencia a la suba, fruto de un endeudamiento creciente y tasas internacionales más altas.

Noto a un Gobierno muy ansioso en comunicarle a la sociedad su poco ambicioso plan de reducción de déficit primario, al mismo tiempo que lo percibo convenientemente olvidadizo en explicarle a los argentinos el engrosamiento en el déficit financiero, fruto de la carga de intereses. El mercado internacional comenzó también a concentrarse en esta medida de déficit al momento de evaluar a los ahora, castigados bonos largos argentinos.

Una porción de la ciudadanía que votó a este gobierno esperaba una baja en la carga tributaria, aspecto que lamentablemente no se dio, la presión impositiva para muchos es superior incluso que con CFK, en particular, después de las insuficientes reformas de diciembre. Imaginar crecer sostenidamente con semejante presión no sólo para individuos sino para el sector Pyme, se hace sumamente improbable. Sin crecimiento fuerte por mucho tiempo esto que hoy tenemos como sistema económico no cierra y con nuestras formidables distorsiones tributarias y microeconómicas se me hace muy difícil imaginar una Argentina que pueda desarrollarse en la magnitud, permanencia y contundencia que precisamos.

¿Se pudo haber hecho otra cosa? Por supuesto que sí. A modo enunciativo no más, la baja de gasto en subsidios lo financió el sector privado a fuerza de suba de tarifas y el gobierno ya se lo gastó en otra cosa, esta sola decisión podría haber reducido el déficit primario en 1.50% del PBI. El gasto en obra pública representa 2.50% del PBI, podríamos haber intentado financiación privada en forma más agresiva, aquí también podríamos habernos ahorrado digamos, 1% del PBI.

 Primero, en 2015, el déficit primario era 4% del PBI y los subsidios ascendían a 4.30% del PBI o sea, la sola reducción de los mismos nos dejaba con presupuesto equilibrado. En 2017 el déficit primario sigue siendo 4% del PBI pero sin embargo, los subsidios son ahora sólo 2.20% del PBI. Segundo, las metas fiscales originales representaban un déficit primario que sumando 2017, 2018 y 2019 ascendía a 5.40% del PBI. Sin embargo, dichas metas se alteraron, implicando que sumando ahora 2017, 2018 y 2019 llegamos a 9.60% del PBI. Tercero, con respecto al 2015 el gasto se redujo en 2.4% del PBI (salarios, subsidios y obra pública), dicha disminución se redireccionó al aumento de otros gastos (jubilaciones, intereses de deuda, transferencias a provincias y planes sociales)

. Para un mundo que empezó a subir tasas nuestro tiempo no es eterno, reducir cuanto antes nuestros rojos resultaba indispensable y no sé si ahora queda margen. Lo que me preocupa es que la lentitud hacia el equilibrio primario genera dos efectos contundentemente adversos: 1) sobrecarga de intereses que pueden hasta neutralizar todo avance en el déficit primario, 2) se maximiza la dependencia hacia un crecimiento sustancial y sostenido lo cual es imposible de conseguir para la Argentina microeconómicamente inviable en la que vivimos y que no nos animamos a transformar.

*Director de Macrofinance

Tomás Abraham: "Macri no es neoliberal ni desarrollista, es lo que puede"

La Nación

Es inclasificable y saludablemente imprevisible, un provocador nato, capaz del ensayo largo y del artículo corto, y en cada uno de esos formatos, un pensador original y profundo. Siempre tratando de ver más allá del presente periodístico, el filósofo Tomás Abraham se mete aquí en los meandros de la política nacional y en los cambios y desafíos de un mundo impactado por la revolución tecnológica.

 -Empiezo por la "pelea del verano": Macri y Moyano.

-La coyuntura argentina a mí no me interesa mucho. Lo que sí cada vez me despierta más interés son los temas de mediano o largo plazo que tienen que ver con nuestro país. Otra vez una pelea con Moyano como aquella que libró Kirchner. Pero ahora con Macri... Después negocian, van y vuelven. Y todo eso se desvanece en el aire. Lo que no se desvanece es la puja de sectores de poder en la Argentina. El poder gremial es muy importante y vertebral desde hace décadas. También hay otros sectores de poder, y hay un gobierno débil frente a ellos. Es decir, no se pueden cambiar las piezas de un tablero. A veces [un gobierno] tiene más fuerza en la medida en que se asocia con algún sector poderoso, como el gremialismo. El Gobierno siempre busca algún socio para poder tener una voz en la sociedad argentina. No es que sea ingobernable, pero es un país que tiene sus poderes muy fuertes, y a la vez cuenta con gobiernos y estados débiles. Lo que pasa hoy es una puja de un gobierno que quiere ordenar cuentas, y eso provoca un costo social. En esa puja intervendrán los gremios; también habrá "extorsiones", relacionadas con la Justicia. Se presiona un poco, se larga otro poco. Moyano es una persona peligrosa porque no tiene límites: le podés dar la AFA, Independiente, Belgrano Cargas, y él quiere más, y su familia también. Sin embargo, es importante que sea fuerte el poder gremial en la Argentina, aun con todas las falencias que demuestra. Se necesita una CGT fuerte porque el capitalismo argentino es salvaje. La masa de la gente que trabaja necesita una representación sindical unificada. En el capitalismo argentino -a lo mejor también el global- en la medida en que se debilita un poder gremial, se precariza todo. En esta puja no voy a tomar partido por la honestidad de nadie, es decir: no creo en flexibilizaciones que ayuden a invertir. Creo que las famosas inversiones en la Argentina dependen de tantos factores que nadie sabe cuáles son. No es una cuestión de malos y buenos.

-¿Vos pensás que está siempre en peligro un gobierno no peronista? ¿O te parece que este ya está a salvo de la maldición de no poder terminar su mandato?

-Creo que esa fue una barrera del primer año. Y que ya pasó, porque tuvo unas elecciones exitosas. Y, a la vez, eso molesta a muchos. Creo que nosotros vamos a tener un gobierno no peronista de cuatro años con una solidez que no tiene antecedentes, y con una perspectiva de reelección. Lo que significaría, por primera vez, ocho años de gobierno no peronista desde el retorno de la democracia. Eso, más allá de lo bueno y lo malo, de alguna manera cambia el paisaje. Es algo nuevo.

-Vos estudiaste el desarrollismo. Y siempre hay discusiones respecto de si Macri es neoliberal o desarrollista. ¿Qué pensás?

-Macri es lo que puede. Esa es una dicotomía falsa. Hay un aspecto monetarista en el macrismo que es fuerte y que representa Sturzenegger. Hacen de la lucha contra la inflación algo muy importante, y eso es propio del monetarismo. La apertura indiscriminada del mercado no puede ser parte de ningún gobierno en la Argentina porque sería un desastre. Sigue siendo una economía defensiva y todo el mundo quiere el desarrollo, no hay otra opción. Al desarrollismo se le agregó el "ismo" en la época pos-Frondizi porque él tenía una voluntad industrialista muy acentuada, asumía riesgos monetarios por eso, y hacía una fuerte apuesta por la inversión extranjera sin considerar que era cipayismo, especialmente en infraestructura. Eso fue la revolución frondizista, que además impulsó al país hasta 1972. ¿Quién no quiere el desarrollo? Es muy fácil criticar al Gobierno; yo escucho a veces a la oposición diciendo: no hay un programa económico de crecimiento y desarrollo. Como si eso estuviera en algún cajón y como si el mismo que critica pudiera sacarlo y proponerlo. Pero a veces sí me parece que no hay una acentuación en planes prioritarios; qué cosa hay que favorecer para que haya inversión. Es decir, una idea de dónde tenemos que apostar. Siempre, de alguna manera, salen el poder financiero y la soja, y después el tema de la inflación, del Banco Central, de las Lebac, etcétera. Pero no hay una idea de adónde hay que apuntar, salvo Vaca Muerta y alguna otra cosita, como si estuviéramos huérfanos y perdidos en cuanto a una idea de en qué sectores hay que poner los huevos en la canasta. Cosa que también es difícil de hacer porque si el Estado quiere apoyar estrategias de desarrollo... Mirá, es un Estado que está endeudado y que pierde plata, que anda con déficit, que pide prestado: no tiene un resto para decir "voy a poner en ese sector". La situación, en ese sentido, es complicada.

-De alguna manera estás describiendo a un gobierno que es un mero arreglador de cuentas y que va huyendo hacia adelante.

-Bueno, no sé si es en una especie de fuga, pero está en un problema que lo hubiera tenido quizás cualquier gobierno. La Argentina tiene un gran problema financiero, entre otras cosas, y carece de moneda. Cuando no tiene moneda es un Estado muy difícil de administrar. La moneda es el dólar en la Argentina. Ese problema no lo tienen Uruguay ni Chile, y hasta cierto punto tampoco Brasil: existen allí el real, el peso uruguayo y la moneda chilena. En la Argentina, no. Eso ya implica ciertas dificultades. El Gobierno está asumiendo riesgos complicados, sin duda, que se vinculan con un doble déficit fiscal y comercial. Y es complicado porque la relación de la deuda no es necesariamente con el producto bruto, sino con cuánto obtenemos con el comercio exterior, por nuestra venta de exportaciones. Y eso está en déficit y en una economía cerrada, con un crecimiento del producto bruto pequeñísimo. El déficit es un grave problema para los argentinos, no solamente para el Gobierno, y no sé si eso tiene un remedio fácil.

-Después de todos los procesos electorales no se sabe muy bien dónde está el peronismo.

-Me preguntaba por qué el peronismo permanece tanto tiempo, y yo creo que es un asunto para elaborar. No es solamente un movimiento político; no es un tema de memoria de un avance social. La Argentina se constituyó como nación con mucha dificultad. Somos el único país del mundo que tuvo una avalancha inmigratoria en los niveles que registró la Argentina y eso provocó un caos identitario. Creo que el peronismo le dio una cierta identidad a la Argentina, integró a masas en la argentinidad. Ser peronista era casi como ser argentino. No hay una memoria nacional que no esté teñida del peronismo. Ningún otro movimiento político tuvo esta influencia. Porque el yrigoyenismo quedó un poco en los años 20, aunque tuvo esa misma finalidad. En ese momento, el yrigoyenismo también dijo: "Tenemos que dar un idioma local a los compatriotas porque los sindicatos y los movimientos sociales populares son internacionalistas". Pero creo que el peronismo se confunde con la argentinidad, y eso no es necesariamente un error. El tema de la identidad nacional, por otra parte, resulta algo anacrónico. Pero vivimos un poco de ese anacronismo. El peronismo es muy difícil que se disuelva por una crisis interna. Pero si hubiera una crisis fuerte de Cambiemos, con una fuga y corridas, el peronismo puede llegar a entenderse muy rápido. Yo nunca entierro al peronismo.

-Izquierdas, derechas. En el mundo estas palabras ya no representan mucho. Lo que sí parece vigente es abrir o cerrar la economía...

-Durante una buena parte de la historia del siglo XX en la izquierda estaban las buenas personas y en la derecha estaban las malas, los reaccionarios, los retrógrados, los egoístas, los codiciosos, el capitalismo explotador, la plusvalía, la opresión y la desigualdad. En la otra parte estaban los progresistas, los igualitarios, las democracias radicales. Lo que pasó en los últimos 40 años es que hay buenos en la derecha y malos en la izquierda. También hay malos en la derecha y buenos en la izquierda, pero el eje del bien y del mal se confundió, en buena hora.

-Estados Unidos practica el nacionalismo y el Partido Comunista Chino lidera la globalización. Un mundo totalmente nuevo, que nos obliga a aprender a navegar.

-Es un mundo nuevo que no está orientado por ideologías de emancipación como estábamos acostumbrados desde la modernidad, sino de pelea, de exigencia, de deterioro de los niveles sociales. El capitalismo chino es un capitalismo ascético, cruel. Tiene una crueldad que no es la del protestantismo de Occidente, con el que el capitalismo fue para adelante desde Lutero, porque ese era un ascetismo individual, era un trabajo sobre sí mismo. No, en China es el Estado el que dice cuánto van a ganar, dónde van a trabajar, cuántos hijos van a tener... El capitalismo chino está liderando la competitividad. Es muy difícil competir contra la competitividad china. Al mismo tiempo, son los consumidores del mañana.

-Todo lo que acabás de decir se combina con una revolución tecnológica de consecuencias políticas y sociales gigantescas...

-Los seres humanos estamos acostumbrados desde hace muchos siglos, especialmente desde que el capitalismo y la burguesía se expanden como modelos de vida, a que tenemos que trabajar. Pero no solamente por el sudor de la frente y por ganarnos el pan, sino porque, si no, somos inútiles: no nos valoramos a nosotros mismos. La sociedad dice que no servimos para nada porque no le damos un servicio si no ganamos nuestro dinero. Ahora, con la revolución tecnológica eso está en tela de juicio, porque sobra gente que no es inútil, que es inteligente, con diploma. Sobra gente joven, en la tercera edad pero en la plenitud de sus fuerzas. Sobra gente y el impulso tecnológico, la competitividad, el avance científico, la curiosidad y el progreso van creando zonas de población sobrante o cesante en plena capacidad de sus fuerzas productivas. Eso ya está aconteciendo. Pasa en España, donde los jóvenes no tienen trabajo a niveles impensables, y donde se salvan porque cuentan con redes sociales y familiares. El fenómeno pesa también en Francia. Pasa en toda Europa y en otros muchos lugares. Pasa entre nosotros, cuando en la Argentina decimos que hay un millón de jóvenes que están sin trabajo y sin estudio. Son cifras escalofriantes cuyos efectos ni podemos medir. La revolución tecnológica ofrece estas maravillas del avance científico, el descubrimiento de mundos, pero además trae un tremendo costo humanitario.

Bio

Nacimiento: 5 de diciembre de 1946

Lugar: Timisoara, Rumania

Es filósofo y escritor. Fue profesor de Filosofía en la Universidad del Salvador, la Universidad de Buenos Aires y en L'École des Roches, en Normandía, Francia. También fue director del Colegio Argentino de Filosofía durante ocho años. Ganó el Premio Konex al Ensayo Filosófico por su trabajo en el período 1993-2003. Es autor de más de 20 libros, entre ellos, El último oficio de Nietzsche (1996); La empresa de vivir (2000); Situaciones postales (2002) -por el cual fue finalista del XXX Premio Anagrama de Ensayo-; El último Foucault (2003); Platón en el callejón (2012), y La dificultad (2015). Fue, además, designado profesor honoris causa de la Universidad de Salta.

¿Qué está haciendo?

Está preparando un ensayo histórico en el que examina las figuras del gaucho, el indio y el inmigrante, tres arquetipos del genoma nacional.

¿Por qué nos importa?

Es un filósofo fundamental, un agudo pensador político y un articulista de fuste. Sus reflexiones sobre la Argentina siempre han demostrado tanto libertad, originalidad y heterodoxia como inquietante lucidez.

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