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ANÁLISIS

Bonelli: Negociaciones con el FMI. Fermo: ¿Churchill o Durán Barba?

Las negociaciones secretas de Macri para cerrar el acuerdo con el FMI

MINING PRESS

MARCELO BONELLI

 

Mauricio Macri opera para acelerar el acuerdo con el FMI a través de un conjunto de contactos con los gobiernos que comandan el FMI. La estrategia del Presidente es bien clara: que los líderes mundiales apoyen en forma explícita y faciliten las cosas en Washington. Macri busca que antes del lunes-y del vencimiento de Lebacs- el Fondo emita un comunicado diciendo que el acuerdo está encaminado. Ayer lo logró. Antes dio una orden directa: acelerar el aval de los países que controlan el directorio.

La Casa Rosada buscó el apoyo del G7 para aflojar la dureza que ya expresó el “staff” de Washington contra la Argentina. Sucede que Alejandro Werner -el director del Hemisferio Occidental- le expuso el miércoles a Nicolás Dujovne un conjunto de exigencias a cumplir para otorgar el stand by. Muchas son indigeribles para Cambiemos.

Por eso, Macri quiere poner a prueba el respaldo diplomático que cosechó: que la “palmada en la espalda” de los lideres mundiales se transforme en un apoyo concreto en el directorio del Fondo para frenar esas, imposibles exigencias de los tecnócratas.

La tarea será dura: Werner y Roberto Cardarelli actúan en función de pautas de trabajo redactadas en el FMI y que el directorio también debería cumplir.

Ambos piden algo central: que la Argentina corrija -cuanto antes- sus desajustes macroeconómicos. Werner y Caldarelli lo dijeron claramente: el FMI no quiere financiar ninguna fuga de capitales. También -aunque se quiere evitar- incluirán en su petitorio: flexibilización laboral, cambios en el sistema previsional -¿mayor edad jubilatoria?- y un nuevo blanqueo de capitales.

Otro blanqueo ya lo estudió en secreto hace unos meses la Casa Rosada. Pero la incapacidad para cuidar los sensibles datos de los contribuyentes perjudica su éxito.

Todas, decisiones que generarían tensiones en vísperas a las elecciones. Christine Lagarde se lo trasmitió en marzo a Dujovne y Caputo. Durante el ya famoso almuerzo en la casa del ministro, la jefa del Fondo afirmó: “Yo estoy de acuerdo con el gradualismo en Argentina”. Pero advirtió: “mis colaboradores no piensan igual y creen que hay serios problemas económicos”. Clarín anticipó que Werner y Caldarelli -los colaboradores de Lagarde- hablaron hace dos semanas en una reunión privada en Washington y dijeron a los inversores que la Casa Rosada no iba a cumplir su programa fiscal. Así, ambos le echaron combustible a la corrida contra la Argentina.

El Presidente decidió desplegar una fuerte hiperactividad para compensar las desprolijidades de sus ministros y de su propio gobierno. Mantuvo herméticos contactos con influyentes economistas que no integran sus equipos.

Esas conversaciones las conoce solo él y ni siquiera las compartió con su círculo intimo. Son directas y para testear la visión que tienen de la marcha económica. Lo hizo porque confirmó que varias proyecciones que le prometieron sus funcionarios nunca se cumplieron. Habló con varios ex-funcionarios de gobiernos con experiencia en crisis. E hizo por lo menos cuatro interconsultas telefónicas con otros especialistas; todas rigurosamente reservadas.

En Wall Street, se considera un error no haber preparado en secreto la negociación y mucho más difundir -por puro marketing interno- supuestos programas generosos del FMI por montos elevados aún no definidos. Ahora se negocia un ortodoxo y antiguo stand by. El Gobierno se enfrenta a una realidad, similar a la película del genial Sergio Renán: “Crecer de Golpe”. No fue afortunado el formato del anuncio. Se expuso en forma innecesaria a Macri al desgaste de las negociaciones: nunca un Presidente anuncia que se inician conversaciones. Un Presidente se reserva y habla cuando se cierra un acuerdo con el FMI.

Ya ocurrió algo similar con Vaca Muerta: fue al lugar de las inversiones y terminó dando un discurso sobre las las estufas y del ahorro de energía. Macri no duda en poner el “pecho” para compensar la falta de credibilidad que tiene su gabinete económico, y ahora en especial Federico Sturzenegger y el oculto Mario Quintana.

El problema, igualmente, no son los funcionarios; todos respetados profesionales, son víctimas del esquema de licuación de poder que armó Marcos Peña al dividir la conducción económica. La decisión de acudir al FMI se adoptó el lunes cerca de la medianoche.

El tema era una -lejana-hipótesis de hace tiempo, pero no se habló de ella en la tarde de ese dia en el encuentro del gabinete.

A la noche hubo una convocatoria de urgencia, promovida por el influyente ministro Nicolás Caputo. La reunión de emergencia se hizo en el domicilio particular de Gustavo Lopetegui, en el barrio de Palermo. Algunos bautizaron la jugada como “el plan Palermo”.

Lopetegui recibió en su casa a Caputo, a Quintana y a Nicolás Dujovne. Forman el “Grupo de los 6” y junto al Presidente y a Peña integran el más exclusivo y poderoso equipo de WatsApp de la Argentina.

Caputo expuso un informe -elaborado a partir de sus contactos internacionales- donde se decía que había un fuerte deterioro en la credibilidad sobre la política económica.

La conclusión asustó a los ministros: según la gente de Wall Street, la corrida iba a profundizarse llevando el dólar a precios que deterioran y licuan todo proceso político.

Hubo chequeos. Hubo contactos con Macri y Peña. Sobre el cuarteto se adueñó la intranquilidad y surgió la necesidad de administrar una fórmula extrema: acudir al FMI y buscar un reaseguro internacional.

Caputo fue el impulsor de la medida. El resto adhirió, preocupados por el ataque contra Argentina. En la reunión de coordinación -el martes a la mañana- no se decidió nada. Ya estaba la resolución tomada. Se convino que viaje solo Dujovne , pero la resolución no fue acertada: el miércoles, lo primero que quisieron debatir los burócratas del FMI fue la política monetaria y no había nadie del Banco Central para dar precisiones. Dujovne cubrió la ausencia. El BCRA cometió errores y fogoneó la crisis al estimular los capitales golondrinas. Fue un conjunto de viejas y malas decisiones de todo el Gobierno. Entre ellas: -Nunca se blanqueó el “Plan Bomba” que le dejó Cristina Kirchner y se pensó que era posible pilotear todo ese desequilibrio con deuda permanente.

-Quintana aumentó fuerte el déficit –1,6 % el primer año y 1,1 % en el 2017- con su plan de reparación histórica. La medida puede ser justa, pero resultó muy imprudente porque profundizó el rojo fiscal.

-El Banco Central llevó adelante una estrategia monetaria y cambiara que incentivó la especulación.

Las tasas de interés elevadas y el dólar barato del BCRA engendraron un mayúsculo déficit externo. Los fondos de “la bicicleta” que atrajo Sturzenegger, son los que ahora empujaron la corrida.

-Las peleas y decisiones insólitas le agregaron más confusión: Juan Aranguren liberó el precio de los combustibles hace 8 meses y ahora aplica un congelamiento.

En el mundo de los negocios hay una tensa calma: dentro de la UIA se admite que la “supertasa” amesetará la actividad. Pero confían en una cuestión: que un acuerdo con el Fondo obligará a la Casa Rosada a elaborar un ausente plan fiscal y monetario. También hablan de otra cosa: un reordenamiento del gabinete económico.

 


 

Es tiempo de apoyar a  Macri: ¿Churchill o Durán Barba?

 GERMÁN FERMO*

Soy liberal, por lo tanto, el macrismo no me representa en nada y los que me leen saben lo ácidamente crítico que he sido con el amarillismo de este Gobierno. Pero una cosa es la decepción, que la tengo y probablemente sea compartida por muchos de los que me leen, y otra muy distinta es perder el árbol.

 Anoche el Peronismo volteó el ajuste de tarifas y lo festeja como en 2001, en un claro intento de evitar algo que a esta altura es evidente. De una forma u otra forma, por las buenas o por las malas, Argentina deberá acelerar su sendero de corrección fiscal o terminaremos defaulteando.

Es así de simple, despertémonos de una vez y dejemos de pretender que somos un país rico y ostentoso. Otra vez más, la coyuntura nos pone en la disyuntiva de cargarle todo el error al actual gobierno y desentendernos de la responsabilidad que nos cabe como ciudadanos, desarmar todo de nuevo, romper todo otra vez y creer que con eso solucionaremos algo o ponerle el pecho a las balas.

La severidad de la coyuntura actual fue causa de una seria de torpezas incomprensibles de este Gobierno sumada a la permanente resistencia que nosotros, los argentinos, le imponemos a cualquier intento de corrección. Somos una nación que se queja de la inflación, pero no se banca el costo de su corrección, nos quejamos también del endeudamiento externo, pero no nos bancamos gastar menos, y ahora el FMI nos presta para que podamos seguir gastando a este ritmo y tampoco nos gusta.

Somos como la gata flora, no hay nada que nos venga bien y en este desquicio permanente en el que subsistimos, se nos va la vida girando como un trompo sin rumbo. Otra vez mas, las tremendas circunstancias de los últimos días nos ponen en la disyuntiva de dar la espalda al actual Presidente, o perdonarle el error e intentar corregir desde acá, mucho más abajo que en diciembre 2017.

Ya llegará el tiempo de analizar todo este desquicio innecesario con mayor tranquilidad y buscar responsables, pero no estamos ni cerca de que esto sea una crisis y para asegurarnos de que podamos reencauzarnos rápidamente, el presidente, Mauricio Macri, necesita de cada uno que votó cambio a pesar de esta inmensa decepción. Somos una Nación sin autodisciplina, que no puede ponerse de acuerdo en aspectos elementales muchos de ellos, alimentados por una oposición absolutamente destructiva y ante esta realidad, el mundo nos vuelve a tirar una soga y a controlarnos de que no nos patinemos la plata como siempre.

Somos una vergüenza de nación que necesita ser tutoreada esta vez, por el FMI. Por lo tanto, más que tiempo de enojo, éste debería ser un momento de reflexión y vergüenza. Otra vez, el mundo nos tiene que rescatar de nuestra crónica incapacidad de autocontrolarnos y corregir nuestros dramas. El fracaso de estos días no es un fracaso del Presidente solamente, sería fácil describirlo así, por el contrario, el jueves negro dictaminó el fracaso de todos nuevamente, de cada uno de los argentinos que con nuestra permanente intolerancia impedimos cualquier intento de normalización.

Y así como siento que resulta indispensable a poyar al Presidente Macri en esta decisión crítica y lamentablemente autogenerada. Me permito sugerirle que utilice lo actuado para comprender que debe realizar cambios sustanciales a partir de hoy mismo. Primero, a diferencia de lo que su equipo les cuenta a los argentinos, la severidad actual no fue causada por un shock global sino por absoluta desprolijidad de gestión, sean sinceros por primera vez, dejen de mentirnos, no supieron corregir un solo desequilibrio macroeconomía relevante. Segundo, Argentina necesita intentar recuperar toda la confianza que por ingenuidad se perdió en cuatro meses después de la tontera del 28/12/17, dicha fecha deshizo en semanas lo avanzado en cuatro largos años de compresión de spreads.

El riesgo país volvió a subir estrepitosamente relativo a nuestra historia reciente de los últimos dos años, gran parte de lo avanzado se evaporó y debemos desde mucho más abajo poder volver a convencer a un mundo que otra vez más nos mira con absoluta desconfianza.

Con el mayor de los respetos Presidente, el equipo económico actual está sumamente desgastado y ya no puede volver a seducir a un mercado que nos viene shorteando violentamente desde hace días. Presidente Macri, a pesar de mi enorme decepción, mi apoyo seguirá siendo incondicional, pero respétenos, sea sincero, tome la pérdida y entienda que en los próximos días deberá ejecutar una serie enorme y costosísima de decisiones en el riñón de su equipo. Olvídese de lo políticamente correcto, enfrente a los argentinos y dígales que el ajuste es a esta altura, inevitable. Deje de escuchar a Durán e inspírese en Churchill.

*Director de MBA UCEMA

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