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ANÁLISIS

Escribe Alonso: El martillo geológico y su historia

 Ricardo Alonso

El 9 de junio es el día del geólogo.

El mundo visible de la corteza terrestre y aun lo que está por debajo de ella, fue develado por los geólogos a golpes de martillo. Esta fue la herramienta fundamental que liberó esquirlas de rocas frescas que ayudaron a conocer la naturaleza íntima de los constituyentes pétreos del planeta. En especial de la corteza superficial que se encuentra a la vista. O bien del manto cuyos fragmentos arribaron a la superficie en algunas erupciones volcánicas espectaculares.

Sin ir más lejos en la Quebrada de las Conchas, camino a Cafayate, aparecen trozos de rocas del propio manto terrestre expelidas allí durante la era de los dinosaurios. Se las llama xenolitos y su nombre deriva del griego en el sentido de "rocas extrañas".

Dichas rocas son una ventana al inframundo del manto al cual no podemos llegar con ninguna herramienta actual. Pensemos que el pozo más profundo del mundo, el que perforaron los rusos en Kola, en el escudo Báltico, no pasó de 13 kilómetros. Y acá estamos hablando de rocas que vienen de 60 a 80 km de profundidad y son portadoras de una asociación mineralógica especial.

Los protogeólogos 

Lo cierto es que el martillo sirve para romper las rocas más duras y también para escarbar en los materiales blandos y alterados por los agentes meteóricos. Asimismo para abrir las capas lajosas u hojaldradas en busca de fósiles.

De allí que existan decenas de modelos para mineros, paleontólogos, petrólogos, sedimentólogos, mineralogistas, entre otros. En Argentina se lo conoce como piqueta geológica. Lo cierto es que esta herramienta se remonta millones de años atrás. Desde el momento en que los primitivos antropoides emparentados con los humanos tomaron una roca dura para romper otras que daban bordes afilados y que les servían para fabricar armas y herramientas. Hay registros de ello en capas de 3,3 millones de años de antigedad en la orilla occidental del lago Turkana, en Kenia. Se han encontrado allí rodados de basaltos y fonolitas que han sido rotos con otras rocas para obtener piedras afiladas que probablemente utilizaron para cortar vegetales resistentes.

Aquellos homínidos ya conocían bien el uso empírico de las rocas en cuanto a sus calidades de dureza y fractura. Son los más antiguos proto-

Geólogos. 

Ahora bien el martillo evolucionó desde una roca simple hasta los de cabezas de metal encastrados en una madera dura. Principalmente en el mundo minero donde era fundamental para romper las rocas mineralizadas y en especial para separar la mena metálica de la ganga estéril. Tal como lo hacían los mineros de Pericles en la antigua Grecia cuando explotaban las minas de plomo y plata de Laurión. Y los miles de ejemplos de minas alrededor del mundo, entre ellas Freiberg en la cuna de la minería alemana, que dio nacimiento a la famosa academia de minas en aquella ciudad sajona y que fue el centro intelectual más importante de la Europa continental.

Por allí pasaron sabios como Humboldt, Goethe, Novalis, Lavoisier, Lomonosov y hasta el padre de la geología argentina Alfred Stelzner, por mencionar solo algunos. Los martillos como recuerdo y como símbolo son aún parte de la rica historia de Freiberg.

"Mente et malleo"

Igualmente con el martillo geológico científico al punto que hoy existen toda clase de asociaciones que llevan los martillos cruzados como símbolo. Es más, el logo internacional de la geología es "Mente et Malleo" lo que viene a significar con la mente y el martillo. O sea utilizando el martillo y el pensamiento para resolver los enigmas del pasado geológico, esto es de la gran historia de la Tierra.

Una historia que comienza hace 4566 millones de años de acuerdo a los meteoritos que subsistieron de la nébula solar original.

Charles Darwin, que era geólogo, menciona muchas veces el martillo en sus obras. En 1835 le escribió a su primo el reverendo W.D. Fox lo siguiente: "La geología es una ciencia primordial que se inicia leyendo, pensando y martillando". Precisamente martillando logró desenterrar osamentas fósiles de grandes mamíferos extintos de la costa oceánica argentina que dispararon en su cabeza la idea de la evolución de las especies.

Los fósiles y las 2000 rocas que recogió Darwin en su viaje alrededor del mundo se encuentran hoy en la "Colección Beagle" del Museo Sedgwick de Ciencias de la Tierra en Cambridge, Inglaterra. Adam Sedgwick (1785-

1873), que definió o ayudó a definir los periodos Cámbrico, Silúrico y Devónico, fue el primer maestro de geología de Darwin. En el museo Sedgwick se encuentra también la más importante colección de martillos geológicos compuesta por 41 ejemplares que pertenecieron a los padres fundadores de la geología moderna. Entre ellos los del propio Sedgwick, además de Buckland, Conybeare, o el propio Charles Lyell. Una mirada a la colección, sobre la cual se han escrito algunos artículos y libros, ayuda a entender que el martillo se atesoraba como si la profesión fuera una logia religiosa sectaria o cuasi masónica.

El martillo ayudó a distinguir y a diferenciar a las ciencias geológicas y sus practicantes de las otras ciencias naturales emergentes en ese entonces. Sedgwick formaba parte de una cofradía de los "Hermanos del Martillo".

Una estatua de bronce en tamaño natural lo muestra a Sedgwick en el museo que lleva su nombre en traje académico con un martillo en una mano y una roca en la otra. Con su penetrante mirada, esa figura consular, parte erudito y parte geólogo de campo, parece estar custodiando a las colecciones que allí se conservan y a los visitantes del museo. En las primeras décadas del siglo XIX, a medida que la ciencia de la geología se profesionalizaba cada vez más.

 De la Tierra a la Luna

El martillo geológico es una de las herramientas profesionales más antiguas y básicas que se conocen. Tiene un papel fundamental en la adquisición del conocimiento geológico y también en la enseñanza de la ciencia. Cuando se utiliza el martillo para romper una roca y tomar una muestra se ponen en conjunción los principales sentidos.

El sonido de la roca al quebrarse, las fisuras que presenta, su dureza o fragilidad, el entramado de los minerales que la componen, el color en superficie fresca, el olor que expele al golpe del acero, que van a dar ideas sobre su naturaleza y origen.

Muchos yacimientos minerales se descubren con el primer golpe del martillo y luego se requiere de maquinarias pesadas para poder desarrollarlos. Tal vez lo más apasionante en la evolución del martillo geológico sea que llegó a la Luna en 1972, en la misión Apolo 17, de la mano del astronauta geólogo de la NASA Harrison Schmitt. Y hasta pudieron demostrar que un martillo y una pluma caen al piso lunar, en ausencia de atmósfera, en el mismo instante comprobando así la teoría de Galileo. Schmitt logró maximizar su uso por el conocimiento y entrenamiento geológico.

Los usaron para muestrear las rocas y también para arrojarlos y ver a que distancia caían. También los fotografiaron en el aire y no faltaron los que dijeron que lo que se veía en las fotografías no era el martillo sino un Ovni! Lo cual no deja de ser parte del clásico folclore pseudocientífico. Los autómatas que con su brazo mecánico arañan la superficie de Marte son un símil del martillo geológico en aquel lejano planeta rojo. Llegará el día en que las misiones tripuladas, empuñando sus martillos, vayan a buscar allí las rocas que permitan decodificar la     rica historia geológica marciana.

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